La presencia templaria en
Extremadura se inicia con el rey leonés Fernando II. Aquella exitosa campaña de
1166 hizo que estos monjes-guerreros formaran parte de las huestes que
conquistaron gran parte de la hasta entonces llamada Transierra. Su aportación fue tal que el rey puso a su disposición
gran cantidad de castillos y territorios, con los que conformaron su primera
encomienda en Extremadura, a los que sumaría Coria, enclave estratégico para
la expansión del reino de León hacia el sur.
Pero la línea fronteriza del Tajo
se va a rebasar en tiempos de rey leonés Alfonso IX llevándola hasta el
Guadiana con las conquistas de Mérida y Badajoz. En esta campaña los templarios
también tuvieron una actuación estelar por lo que el rey les concede, en el
centro de la actual provincia de Badajoz, los enclaves de Alconchel y
Burguillos. Esta pequeña aportación, a priori irrelevante, fue para Los Pobres Caballeros de Cristo
la base
para crear la encomienda más grande de todo el reino de Castilla,
apoderándose
de territorios de los concejos pacense e hispalense donde levantaron
castillos, iglesias y nuevas poblaciones. Allí dejaron un legado que,
más de siete siglos
después, sigue perdurando y formando parte de la historia y la cultura
extremeña.
Además de planos y fotografías,
lleva un anexo con documentos sobre el temple relativos a la Encomienda de Jerez.
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