viernes, 13 de julio de 2012

LOS HEREDEROS DEL TEMPLE

Publicado  por Javier García Blanco



La disolución de la Orden del Temple tuvo como consecuencia la disputa por los bienes hasta entonces en manos de los monjes guerreros. Mientras en el resto de Occidente estas propiedades recayeron en los hospitalarios, en los reinos peninsulares su destino fue dispar, propiciando en varios casos la aparición de un nuevo fenómeno: la creación de órdenes militares “monarquizadas”.
Tras el inicio de la conjura contra los templarios iniciada por Felipe IV en octubre de 1307 (ver artículo anterior), y la detención y tortura de la mayor parte de sus miembros en los distintos reinos cristianos de Occidente, la “estocada” final contra la orden de los pobres caballeros de Cristo se produjo en el Concilio de Vienne (1311-1312) durante el cual se emitieron distintas bulas papales que pretendían zanjar de una vez por todas el incómodo incidente. El 22 de marzo de 1312, Clemente V promulgaba la bula Vox in excelso, mediante la cual se anunciaba la disolución total de la Orden del Temple y, poco después, en el mes de mayo, la bula Ad providam intentaba dar solución al problema de la “herencia” de los bienes templarios, anunciando que, como solución general, pasarían a formar parte de la Orden de San Juan del Hospital. Una resolución que se cumpliría a rajatabla en la práctica totalidad de los reinos cristianos, con una única excepción: la de ciertos reinos hispánicos de la Península Ibérica.
Jacques de Molay, el último gran maestre del Temple. 
En apenas cinco años, el Temple había pasado de ser una de las órdenes militares más poderosas de la cristiandad –su extensión e influencia sólo encontraba rival en la Orden del Hospital–, con numerosas y ricas posesiones en todos los reinos cristianos y un importantísimo patrimonio económico –no en vano fueron los primeros banqueros y prestamistas de Occidente–, a desaparecer por completo de la peor de las formas: envuelta en acusaciones de herejía y otros graves pecados. De poco sirvió que las “pruebas” presentadas por sus enemigos no sirvieran para demostrar las graves acusaciones. Cientos de aquellos monjes guerreros –especialmente los que se encontraban en territorio francés– murieron a causa de las terribles torturas a las que fueron sometidos durante los interrogatorios, o bien perecieron devorados por las llamas cuando defendieron tercamente su inocencia. Ese fue, precisamente, el triste final del último Gran Maestre de la orden, Jacques de Molay, quien tras haberse mostrado como un débil líder en sus últimos años al mando, terminó dando muestras de coraje al renegar de su inicial confesión y defender su inocencia y la de sus hermanos. Un último arranque de valor y orgullo que le costó la muerte en marzo de 1314, ardiendo en medio de las llamas de una hoguera dispuesta en el centro de París, cerca de la hermosa catedral de Nôtre-Dame.
EL NACIMIENTO DE LA ORDEN DE MONTESA
Aunque como ya hemos dicho, el Concilio de Vienne establecía que por decreto general los bienes del Temple debían pasar a manos del Hospital, esa norma tuvo una excepción en los reinos peninsulares, donde el destino del patrimonio templario quedaba pendiente de resolución a la espera de negociar con los distintos monarcas de la península.
Todo parece indicar que en esta notable excepción tuvo una gran importancia el papel desempeñado por el monarca de la Corona de Aragón, Jaime II, quien supo realizar un importante despliegue diplomático a través de sus embajadores, primero con el papa Clemente V y, tras la muerte de éste en abril de 1314, con su sucesor Juan XXII.
La postura pontificia de retrasar una decisión sobre los bienes del Temple en la península pudo deberse –además de la apropiada actuación del rey aragonés–, a las especiales circunstancias que se vivían en los reinos hispánicos: los territorios peninsulares contaban con la presencia de varias órdenes militares autóctonas y, por otro lado, seguía existiendo en nuestros suelos un notable peligro encarnado en la presencia musulmana que seguía resistiendo en el sur, manteniendo la necesidad de una cruzada para culminar la ansiada Reconquista.
Cruz de la Orden de Montesa. Crédito: Wikipedia.
En cualquier caso, y con la intención de resolver el engorroso asunto lo antes posible, el papado solicitó a los monarcas hispánicos que enviaran sus respectivas embajadas para negociar la cuestión. En el caso de Mallorca y el condado del Rosellón, dominios en manos del rey Sancho I (1311-1324), la cuestión se resolvió por sí sola, pues el monarca no envió a sus embajadores y, pasado el plazo estipulado, el papa entregó las posesiones templarias de aquellos territorios al Hospital, siguiendo la decisión general establecida en Vienne.
El caso de la Corona de Aragón fue bien distinto. Jaime II pretendía evitar a toda costa que los antiguos bienes del Temple recayeran en manos hospitalarias, lo que habría supuesto un notable fortalecimiento de los dominios señoriales de la orden en territorios de la Corona, que eran ya de por sí bastante notables. Además, la Orden de San Juan era de carácter internacional, lo que podía suponer un escollo importante en algunas de las aspiraciones en la política exterior de la Corona. Por...

lunes, 2 de julio de 2012

EL ENIGMA DE BAPHOMET de Jesús García Castrillo



SINOPSIS
El enigma de Baphomet
¿Cuál fue la causa de la desaparición de la orden del Temple en la Edad Media?...
...¿Por qué se ha mantenido oculta la verdadera identidad de Baphomet durante 700 años? ¿Por qué aparece una silueta del macho cabrío demoníaco en el D.N.I. de 82 millones de alemanes? En los pergaminos de los descendientes del capitán Gustave Counillac, robados durante el asedio de Astorga, en la Guerra de la Independencia, están todas las respuestas a estas preguntas.
El enigma de Baphomet narra la historia de los tres últimos templarios leoneses perseguidos a muerte por el Rey Fernando IV, a principios del siglo XIV. Una apasionante historia medieval de persecuciones, guerras, asesinatos y una gran historia de amor que desborda la investigación de un profesor de Literatura. Con la ayuda de un piloto, un ingeniero y una filóloga, llegará a averiguar el significado de Baphomet, el enigma que ha mantenido en vilo a todas las sociedades secretas desde la Edad Media hasta nuestros días.

Detalle del pergamino que aparece en la portada:San Gregorio Illuminator.


FICHA TÉCNICA
ISBN: 978-84-15172-96-3
Primera edición: Septiembre de 2011
Medidas: (170 x 240) / 540 páginas
Editorial: Bohodón Ediciones
Género: Novela
EL AUTOR

Jesús García Castrillo (Astorga, 1947) es Licenciado en Filología Hispánica y Románica por la Universidad de Salamanca.
Finalista en los concursos literarios Premio Planeta, Premio Azorín, Premio Café Gijón y Andalucía de novela, ha ejercido gran parte de su actividad docente como Catedrático de Lengua y Literatura. Viajero incansable por Europa, Asia y América, actualmente se dedica a la investigación histórica y filológica de pergaminos medievales. Desde 1980 reside en Málaga.


Jesús García Castrillo acaba de publicar su novela histórica El enigma de Baphomet donde el límite entre ficción y realidad se unen para darnos una historia que nos permitirá conocer en profundidad algunas de las claves por la que fueron perseguidos los templarios y la forma en que estos hechos perviven hasta el presente. Además, y como comprobarán por algunas de...
las fotos que el autor ha tenido la amabilidad de facilitarme, la historia está bien documentada, y las preguntas que se ha hecho el escritor durante la investigación de la obra, nos dejarán a nosotros como lectores, no pocas respuestas interesantes, y el deseo de saber más sobre el tema.
Con estos datos es seguro que El enigma de Baphomet, y ya atrapados en la intriga que se teje en sus páginas no nos dejará indiferentes.

Entrevista: Pilar Alberdi

Jesús, ¿qué ha supuesto para ti escribir El enigma de Baphomet? ¿Cuánto tiempo te ha llevado el proceso de investigación y el de escritura?
Sólo he sido metódico en mis estudios académicos y profesionales, para preparar las clases, y orientar a los alumnos. Para el arte me desmeleno totalmente y escribo sin método: en un trozo de cartón en cualquier esquina o en un folio en blanco. Leo todo lo que puedo, observo paisajes, naciones, historias ocultas, y recabo datos, cuantos más mejor. Y siempre aprecio la colaboración de ex-alumnos, compañeros, familiares y amigos. El proceso creador es amplio, no tiene límites.

La idea surgió...
Cuando tuve la suerte de recibir directamente, en Salamanca, enseñanzas de dos titanes de la investigación histórica: el Dr. Bernardino Llorca y el Dr. Ignacio Teletxea Idígoras. Sobre los siglos XIII y XIV lo sabían todo. Me metieron la curiosidad en el cuerpo acerca de la Orden del Temple.

¿Cómo has conseguido reunir el equilibrio justo entre ficción y realidad para acercar la historia al lector medio?
Yo creo que me marcó una calumnia que viví de cerca siendo un niño de los 11 años. Yo sabía la verdad y no tenía más prueba que mi palabra para demostrarla. Yo creo que, desde entonces, sin saberlo hice votos de luchador contra la calumnia. De mayor, entendí que los templarios habían sido calumniados y masacrados injusta e inmisericordemente. Eso influyó potentemente en la arquitectura del libro.



Háblanos de los lugares en donde se...

martes, 26 de junio de 2012

Jerez de los Caballeros – Exuberancia barroca

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Situada en las tierras bajas pacenses, esta ciudad atesora el encanto de la extremadura más abierta. Es cuna de conquistadores, y la tradición y la monumentalidad cimentan su belleza.
Dar nuevos mundos al mundo fue uno de los empeños que impulsaron a los navegantes españoles y portugueses a lanzarse a la locura de buscarle caminos al mar en los siglos XV y XVI. Los lusitanos eligieron para iniciar sus expediciones el remate más meridional del territorio algarveño, cerca de Sagres. Y los españoles no zarparían lejos de allí: a las costas onubenses arribaron muchos extremeños, hombres muy de tierra adentro, de rostro enjuto y porte elegante, que pronto escribieron algunas de las historias más notables y atroces de la conquista.
Uno de ellos nació aquí, en Jerez de los Caballeros, y se le recuerda, a mayor honra, por ser el descubridor del Océano Pacífico. Su nombre, Vasco Núñez de Balboa. Su truculenta historia de intrigas y alianzas, que acabó en ejecución por mandato real, no viene al caso pero recuerda que fue la necesidad, y no la llamada del piélago, la que empujó a la mayoría en la aventura ultramarina. La misma penuria que siglos después arrojaría a sus paisanos hacia Cuba y las Filipinas. Y luego hacia Alemania. O hacia Barcelona y Madrid.
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CASTILLO TEMPLARIO
Las piedras, su mensaje obstinado y frío, confirman que los romanos anduvieron, y mucho, por la zona. Desde siempre las abuelas han corrido la leyenda de una especie de El Dorado, en versión extremeña, perdido por estas dehesas, y los niños recuerdan haberse enzarzado en estériles batallas con alguna espada de noble origen encontrada debajo del olivo familiar. El actual Jerez de los Caballeros fue en sus orígenes, una vez vencida la resistencia de Viriato por los romanos, la Fama Iulia de esa época, y tanto la villa del Pomar como sus mosaicos y otros vestigios así lo desvelan.

Luego los árabes, que allí tomaron posada durante cerca de cinco siglos, levantaron un alcázar, abrieron arcos, trazaron calles, impartieron cultura y guerrearon entre ellos hasta que Alfonso IX, en el año 1230, la ganó para la causa cristiana y se la entregó en custodia a la orden del Temple, otorgándole fueros. A aquellos caballeros templarios debe, aparte de su apellido, el...

domingo, 24 de junio de 2012

Los libros secretos de la Orden del Temple


“Los templarios, además de guerreros, eran hombres religiosos y cultos. Como tales, poseían bibliotecas, con sus scriptoriums, al estilo de cualquier monasterio, conteniendo toda clase de manuscritos, adquiridos o de elaboración propia. Poca cosa, sin embargo, es lo que nos ha quedado de las bibliotecas templarias. ”

“La Inquisición entró a saco en ellas durante el proceso de disolución. Los libros poco ortodoxos ardieron en las piras junto a muchos de sus dueños, aunque es posible que algún volumen fuese a parar a los depósitos secretos del Vaticano. A partir de 1312, cuando finalizó el reparto de los bienes templarios, los volúmenes que consiguieron pasar por el ojo de la aguja inquisitorial entraron a formar parte del patrimonio eclesiástico, de otras órdenes, de la Corona o de algunos nobles, y su memoria se esfumó. ”

“Aunque no del todo. El pueblo llano había reconocido, siquiera instintivamente, el valor del legado cultural templario, y quiso que, junto a los tesoros puramente materiales, se conservara el recuerdo de otros de índole intelectual, quizá menos atractivos para el hombre iletrado carente de los conocimientos necesarios para disfrutar de tal legado en caso de hallarlo, pero no por ello menos interesante, puesto que representan instrumentos de poder, ya que están referidos no al orden material del oro, sino al espiritual, que puede proporcionar acceso a esferas de trascendencia. ”
Hay una tradición muy significativa respecto a los libros templarios heterodoxos, puesto que es contemporánea de la extinción de la Orden y nos pone tras la pista de sus libros prohibidos como algo que pudo tener existencia real.
 El 13 de abril de 1310, los comisarios pontificios que instruían el proceso contra el Temple en Francia recogieron el testimonio del notario Raúl de Prael, quien declaró que el comendador templario de Laon le había dicho lo siguiente:
“Existe un pequeño compendio de estatutos de la Orden que de buen grado enseñaría, pero hay otro más secreto que no mostraría por nada del mundo”. 

Es curioso que catorce días más tarde, el 27 de abril de 1310, los nuncios de la Santa Sede que estaban instruyendo el proceso contra el Temple en el reino de Castilla, escuchasen a un testigo declarar haber oído decir que, “al visitar ciertos franciscanos al Maestre del Temple, frey Rodrigo Yáñez, en Villalpando (Zamora), lo encontraron leyendo un pequeño libro y, al verlos, se apresuró a guardarlo en una arquilla.
Al preguntarle qué libro guardaba con tantas precauciones, el Maestre contestó que si éste llegaba a determinadas manos podría acarrear grandes daños a su Orden”.
Para los historiadores “académicamente puros”, el misterio parece resolverse imaginando que el volumen era la Regla latina, de todos conocida, concedida por el Concilio de Troyes en 1129, por la que se guiaba el Temple en aspectos generales; y el volumen secreto consistía en los Retrais, o “Estatutos Jerárquicos”, las “reglas de régimen interno” que, hacia 1165, habían establecido los propios templarios para el gobierno práctico de su vida diaria y que estaba únicamente en poder de los mandos superiores.

No obstante, incluso aceptando esta explicación, constatamos ya una “voluntad de secreto” en la Orden respecto a sus libros. ¿Existe algo más detrás de dicha actitud?
Aunque, en una búsqueda superficial, no encontramos entre los caballeros más que el tipo de escritores corrientes de su época: traductores, biógrafos, predicadores, poetas, legisladores, moralistas e historiadores, no todo es tan simple. En la Edad Media, los escritores ocultistas, cabalistas o esoteristas, eran algo común y corriente, tanto en las "Cortes de amor" de los nobles, como en los scriptoriums de los monasterios. Y si los templarios eran en todos los aspectos hombres de su tiempo, ¿acaso iban a ser diferentes en esta faceta?
Las bibliotecas de la Orden estaban entre las mejores de la Edad Media, rivalizando con las de los monasterios benedictinos y cistercienses. En las principales encomiendas templarias de cada país existían centros donde se acumulaba el saber del momento y de la antigüedad, de Oriente y de Occidente. Muchos de los ellos tenían anejo un scriptorium, donde se creaban sus obras y copiaban las ajenas; sabemos que requisaban los manuscritos de cada ciudad árabe conquistada y se apresuraban a traducirlos al latín. 

Conocemos las bibliotecas que hubo en las encomiendas templarias de los castillos de Monzón (Huesca) y Miravet (Tarragona), junto con la de la Catedral Templaria de Villasirga (Palencia) donde existía un scriptorium que copió las Cantigas de Santa María, de Alfonso X, y produjo cantorales como el Pueri Templi para los niños del coro templario fundado por el rey Sabio.
 Otras bibliotecas y scriptoriums famosos estuvieron en las casas templarias de París, del New Temple en Londres y de Jerusalén.

De ellos salieron traducciones del latín a la lengua vulgar, tanto de la Biblia como de la Regla del Temple. Copias de los Comentarios del Apocalipsis, del Beato. Crónicas históricas de las Cruzadas o Memorias de los Maestres. Santorales, como el Obituario del Temple de Reims.
 Documentos jurídicos como el Fuero del Baylío de Jerez de los Caballeros, o las Consuetudes, de Horta. Y poemas satíricos, La Biblia, críticos, Ira et Dolor, o elegiacos, Anónimo del Viernes Trece. 

Pero también otras obras menos ortodoxas. Las primeras pistas aparecen en...

martes, 19 de junio de 2012

IX FESTIVAL TEMPLARIO EN JEREZ DE LOS CABALLEROS




Corrían los años 1230/1240, Alfonso IX de León ordena a la Orden de los Caballeros del Temple, orden clerical y guerrera, la toma a los árabes de la plaza de Jerez y su custodia posterior. Comenzaba un siglo de esplendor templario en la ciudad.
La Orden del Temple, creada en Jerusalén por nueve caballeros franceses, fue aprobada en el año 1128 con el fin primordial de proteger a los peregrinos y de combatir al Islam tanto en Tierra Santa como en España. Con el tiempo, los monjes templarios fueron atesorando importantes fortunas y privilegios, hechos que provocaron innumerables celos en nobles y monarcas europeos.
El Concilio de Viennes, convocado por el Papa Clemente V bajo la presión del rey francés Felipe El Hermoso, los excomulga en 1311 siendo acusados de prácticas de herejía, pero en el fondo, envidiados por su poder manifiesto.
Había comenzado su exterminio y desaparición.
En la Península Ibérica la fidelidad de los Caballeros hacia la Corona, que había reclamado su apoyo en las tareas de la Reconquista, provocó que las resoluciones del Concilio fueran desoídas, tal vez intencionadamente. Mas los mismos celos nobiliarios y clericales que habían surgido en Europa no tardaron en llegar a nuestro país y fueron cayendo, una tras otra, todas sus posesiones. Alfonso XI de León, en torno a 1327, acaba con el último dominio templario. Caía un Jerez próspero y fértil, la Capital del Bayliato del Temple, el bastión postrero de la Orden en nuestro país.
Esta es la histórica que queremos contarles, un siglo templario en Jerez de los Caballeros.
Para ello, el pueblo de Jerez, se transporta a otra época; época de mendigos, soldados, clérigos, mercaderes, Caballeros Templarios, pícaros, titiriteros y saltimbanquis, cetreros, músicos callejeros, y un sinfín de personajes que recrean el pasado medieval de nuestra Ciudad.
Durante unos días, en el entorno de lo que fue la Fortaleza Templaria, se celebran pasacalles, mercados, comidas medievales.se encontrará con jaimas, teterías, tatuadotes, danzarinas. todo ello disfrutando además de unos escenarios naturales que ofrece la propia Ciudad ; una Ciudad monumental, declarada Conjunto Histórico Artístico en 1966 en honor a sus cuatro parroquias, sus torres de traza barroca y neoclásica, sus ermitas, conventos, casas solariegas y palacios y sus estrechas y empinadas calles que, conforman el escenario en el que se desarrolla este evento cultural y festivo al que le invitamos. 

VII FESTIVAL TEMPLARIO EN JEREZ DE LOS CABALLEROS (BADAJOZ)